
[Extracte breu de l'entrevista publicada a Jot Down Magazine el 23 de febrer de 2012.]
Usted siempre repite que una buena campaña es la que vende un producto, que una campaña mejor es la que, además, ayuda a construir la marca y que una campaña óptima es la que vende el producto, construye la marca y, además, hace algo por la sociedad. Según esto, las campañas políticas deberían ser las mejores de todas pero ¿por qué están tan lejos del óptimo?
¿Hoy en día? Están vergonzosamente lejos del óptimo. ¿Qué son ahora las campañas políticas? ¿Tú has visto alguna campaña últimamente de la que poder decir que te sientes orgulloso? Yo no. Me siento orgulloso, por ejemplo, de la campaña de Obama. Es una gran campaña. La seguí de muy cerca, tanto en medios convencionales como online. La canción “Yes, we can” fue maravillosa… Recuerdo que me nombraron jurado de un premio de publicidad por internet que se celebraba en Madrid y era de ámbito mundial. Se habían presentado unas 400 campañas y quedaron unas ocho o diez finalistas, entre ellas la de la Obama. Miré a los miembros del jurado y les dije, escuchad, ¿para qué se hacen las campañas de publicidad? ¿Para conseguir resultados, no? ¿Hay alguna de estas ocho o diez que haya convertido a una persona desconocida en presidente de los Estados Unidos? ¿Puede haber una campaña mejor? En pocos meses Barack Obama, un desconocido, no un blanco anglosajón, sino un negro nacido en Hawaii y con nombre musulmán, ganó las elecciones y se convirtió en presidente de los Estados Unidos. Es la mejor campaña de la historia de la publicidad, concluí. Y todos votaron por esa campaña.
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